Un día como éste, hace ya ocho meses, te vi partir. Vi como cruzaste el umbral de la puerta y me dejaste a la merced del tiempo. En tu mano una esperanza de regresar, en la otra, una promesa difícil de cumplir. Recuerdo el cálido abrazo del viento en un asfixiante intento de hacer huir las hojas secas que había dejado el otoño. Recuerdo el cielo, mi cielo, nuestro cielo carmesí que en un tiempo antes del tiempo cubría con delicadas ondas, nuestros cuerpos desnudos de inocencia.
Recuerdo el eco de las olas y la arena en mi espalda, recuerdo el cantar de las aves y el calor de tu abrazo, recuerdo despertar cada día junto a ti y sentir el vigor de la juventud corriendo por mis venas, ver el reflejo de mi alma en tus ojos, al abrazo de la vida en tu pecho y el sentido de mi vida en los latidos de tu corazón. Hoy, siento los latidos de tu corazón dentro de mí; el reflejo de mi alma, perdido; y la unión de nuestras vidas, en mi vientre.
Éste día, amor mío, siento que debo detener el pasar del tiempo, pues ya no siento en mis venas vida alguna, y no quiero pensar nada más; mas no puedo evitar sentir el dolor de tu pérdida y tu terquedad de formar parte de una absurda guerra de hombres contra hombres, dime tú amor, ¿de verdad alguien gana en la guerra?
Desde este día amor mío, espéranos cerca del cielo, nuestro cielo carmesí, en un lugar que existe en un tiempo después del tiempo.

1 comentario:
Recordar es vivir, la vida no puede ser la suma de sus partes porque son demasiadas y conseguirlas no es fácil. Keep going Gab ^^
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